Uno de los debates más frecuentes sobre las instalaciones fotovoltaicas es su posible impacto térmico sobre el entorno. En los últimos años, varios estudios científicos han analizado el denominado Photovoltaic Heat Island Effect o “isla de calor fotovoltaica”, un fenómeno detectado principalmente en grandes plantas solares construidas sobre suelo desnudo y sin vegetación (Barron-Gafford et al., 2016; Broadbent et al., 2019). Sin embargo, cuando hablamos de sistemas agrovoltaicos, la situación cambia de forma significativa.
¿Qué ocurre en una planta fotovoltaica convencional?
Los estudios realizados en entornos áridos, especialmente en grandes instalaciones solares sobre suelo desnudo, muestran que los paneles absorben gran parte de la radiación solar y transforman solo una parte en electricidad. El resto se disipa en forma de calor. Además, la ausencia de vegetación reduce los mecanismos naturales de enfriamiento del suelo (Barron-Gafford et al., 2016).
Como consecuencia, algunas investigaciones han detectado incrementos de temperatura del aire sobre las instalaciones, sobre todo durante la noche (Broadbent et al., 2019). Este comportamiento dio origen al concepto de “isla de calor fotovoltaica”.
La diferencia fundamental de la agrovoltaica
La agrovoltaica combina producción agrícola y generación eléctrica en un mismo espacio. Los paneles solares se integran sobre cultivos o zonas vegetadas, manteniendo activo el sistema suelo-planta. Esta diferencia es clave para entender por qué los efectos térmicos de la agrovoltaica no son comparables a los de una planta fotovoltaica convencional.En los sistemas agrovoltaicos, el suelo no queda aislado ni degradado. La vegetación continúa desarrollando procesos biológicos activos como la evapotranspiración, que actúa como mecanismo natural de refrigeración. Parte de la energía solar se utiliza en procesos fisiológicos de las plantas y no únicamente en generar calor.
Además, el sombreado parcial producido por los paneles reduce la radiación directa sobre el suelo y disminuye el calentamiento excesivo durante las horas más calurosas del día (Marrou et al., 2013).
Por este motivo, numerosos proyectos de investigación internacionales coinciden en que la agrovoltaica no incrementa la temperatura media del sistema, sino que redistribuye la energía y suaviza los extremos térmicos (Macknick et al., 2022; Weselek et al., 2021).
Un microclima más estable durante el día
La evidencia científica disponible muestra que, durante el día, la temperatura bajo los paneles suele ser más baja que en parcelas expuestas completamente al sol. En climas secos o semiáridos se han registrado reducciones de entre 1 y 3 °C, especialmente en las zonas situadas directamente bajo los módulos fotovoltaicos (Barron-Gafford et al., 2019; Naim et al., 2025).
Este efecto tiene varias consecuencias positivas:
Los estudios realizados en proyectos internacionales como InSPIRE (NREL) o Fraunhofer ISE destacan precisamente esta capacidad de la agrovoltaica para mejorar el comportamiento térmico de los cultivos en condiciones climáticas extremas (Macknick et al., 2022; Weselek et al., 2021). SolarPower Europe también identifica estos sistemas como una herramienta de resiliencia climática agrícola (SolarPower Europe, 2023).
¿Y qué ocurre durante la noche?
Durante la noche sí se observa un ligero aumento de temperatura bajo los paneles, normalmente pequeño y cercano a medio grado centígrado (Barron-Gafford et al., 2019). Sin embargo, este fenómeno no se interpreta como una acumulación excesiva de calor, sino como una amortiguación natural del ciclo térmico diario.
Algunos estudios muestran que las temperaturas mínimas nocturnas pueden aumentar ligeramente mientras las máximas diurnas disminuyen de forma notable (Armstrong et al., 2016). El resultado es un entorno más estable y menos agresivo para los cultivos.
El suelo también se mantiene más fresco
Uno de los resultados más consistentes de la literatura científica es la reducción de la temperatura del suelo bajo los paneles agrovoltaicos. En algunos estudios se han observado descensos muy significativos durante las horas de mayor radiación solar (Armstrong et al., 2016).
Este enfriamiento del suelo tiene implicaciones directas sobre la agricultura:
Diversos estudios recopilados por AgriSolar Clearinghouse identifican este comportamiento como uno de los patrones más robustos de la agrovoltaica a escala internacional.
Un efecto localizado, no una “isla de calor”
Otro punto importante es que las investigaciones no detectan aumentos relevantes de temperatura en el aire situado por encima de los sistemas agrovoltaicos. El efecto térmico permanece limitado al microclima cercano al suelo y no genera un calentamiento generalizado del entorno (Naim et al., 2025).
Por ello, la conclusión compartida por gran parte de la literatura científica es clara: los sistemas agrovoltaicos no funcionan como una isla de calor fotovoltaica. Más bien, actúan como herramientas de regulación microclimática capaces de estabilizar temperaturas, proteger los cultivos y mejorar la adaptación agrícola frente al cambio climático.
Referencias bibliográficas